Por Frankie Deges *

En el mundo del rugby se vive con enorme ansiedad el regreso del rugby a los Juegos Olímpicos. La fecha es el 6 de agosto y durante seis días – los primeros tres para las mujeres (estarán Brasil y Colombia en representación de Sudamérica Rugby) y los siguientes tres para los varones (nuevamente el anfitrión y Los Pumas 7s) – el rugby disfrutará poder compartir el mayor escenario deportivo del mundo.

Quedan disponibles una plaza por género y a Dublín viajarán con la ilusión a cuestas las chicas de Argentina y Venezuela mientras que a Mónaco viajarán los varones de Uruguay y Chile.

El campo de juego del Parque Olímpico de Deodoro, alejado de las famosas playas de Río de Janeiro pero uno de los tres centros neurálgicos de los Juegos, ya fue probado por las mujeres de la región que jugaron en marzo su Sudamericano. La aprobación fue total aunque faltó todo el color y la parafernalia que acompañará al torneo de seven olímpico.

Pierre de Coubertin, fundador del movimiento olímpico moderno, era un gran simpatizante del Foot-ball Rugby como él lo llamaba. Su admiración por la ética y habilidades físicas y mentales que se necesitan para jugar rugby lo llevaron a asegurar su participación en las primeras ediciones de los Juegos Olímpicos al comienzo del Siglo XX.

El rugby apareció en el programa Olímpico cuatro veces a principios de los 1900s, pero quedó fuera después de París 1924 cuando los deportes de conjunto perdieron el favor del Comité Olímpico Internacional (COI), coincidentemente con el retiro del Barón de Coubertin.

A partir de entonces, el rugby y el movimiento olímpico tomaron caminos separados, ambos creciendo y estableciéndose en sus estructuras y composición. Recién a principios de los 1990s volvieron a buscar puentes de unión.

El cambio de actitud tomó envión cuando el galés Vernon Pugh QC, Presidente del entonces International Rugby Board, convenció a su Consejo de que la membresía olímpica – inicialmente como deporte no–participativo – ayudaría a integrar al rugby a la familia deportiva mundial y ofrecería a muchas de las naciones mas pequeñas del IRB, también miembros de los Comités Olímpicos de sus países, un elevado status además de la posibilidad de acceder a mayores fondos.

Tras una fallida presentación en 2005, en 2009 el Comité Olímpico Internacional aprobó el regreso del rugby como deporte de competición y, como pronosticaba Pugh, fallecido en 2003, el rugby tuvo un despegue inusitado.

Si bien Rugby World Cup ya era uno de los tres eventos internacionales de mayor trascendencia, podemos decir con certeza que a partir del ingreso a los Juegos el rugby cambió. Hoy, uniones de la región y el mundo, dialogan con mayor peso con sus gobiernos y comités olímpicos.

Esto, sumado al sólido trabajo de World Rugby, genera que cada unión, asociación o federación nacional elija trabajar de manera eficiente y profesional.

Es notorio que el rugby está en constante evolución y crecimiento. He tenido el enorme gusto de visitar a varios de los países de la región y ver como a partir de ser deporte olímpico el rugby ha cambiado para mejor.

Con tan solo doce equipos que jugarán en Río es difícil conseguir la clasificación. Para Japón se perderán las plazas de Brasil en varones y mujeres. Pero no obstante eso, el rugby ha podido acceder a financiación específica para deportes olímpicos y eso permitir esa evolución y crecimiento.

El rugby sevens tendrán una única oportunidad de dejar una gran primera impresión al Comité Olímpico Internacional. En dos años se definirá si deja de ser un deporte a prueba y se convierte en uno regular.

Todo indica que será un gran éxito. Del éxito del seven vendrán mejores años en cada unión/federación/asociación, para cada región y para World Rugby.

 

(*) Frankie Deges cubre rugby desde hace 30 años; en esos años ha cubierto los últimos seis Rugby World Cups, mundiales de seven, torneos juveniles, sudamericanos y regionales. Es Gerente de Comunicación de Sudamérica Rugby desde mediados del año pasado.