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Hugo Lafuente, con la Webb Ellis Cup

Foto principal: De izquierda a derecha: Vincenzo Caro Garofolin (Perú), Christopher Jiménez (Perú), Hugo Lafuente (Paraguay), Fernando Arellano (Perú), Martín Bangueses (Uruguay), Martín Pettina (Argentina) y Francisco Saavedra (Chile)

escribe Hugo Lafuente

En Lima, Perú, del 2 al 8 de octubre, se realizó el Torneo Sudamericano Mayor B con la presencia de cuatro seleccionados y la Copa Webb Ellis para remarcar el carácter de calificatorio que tenía el evento. Ahí se abrieron las gateras a equipos representativos de países de la región para la carrera hacia RWC en Japón en 2019.

Pero no sólo fueron cuatro selecciones las que hicieron el evento.

No fue sólo la de Colombia que se adueñó del título y de la posibilidad de jugar un repechaje contra México y luego contra mi país, Paraguay. No fue la de Venezuela que hizo un muy buen torneo jugando un electrizante primer tiempo en el partido final contra Los Tucanes. Tampoco la del Perú, que no pudo aprovechar su localía y cayó, sucesivamente, ante los dos finalistas para recuperarse ante Ecuador, un equipo joven al que le queda todavía un tiempo de pagar su derecho de piso con su rugby incipiente pero comprometido en crecer día a día.

LOS OTROS SELECCIONADOS

En Lima, Perú, tuve la suerte de ser designado Referee Manager por autoridades de SudaméricaRugby. Así me tocó trabajar con los otros seleccionados participantes: un argentino, un uruguayo, un chileno y un importante grupo de referees peruanos que actuaron en cada uno de los seis partidos que se realizaron.

Más que actuar, como lo afirma una de las máximas del rugby, posibilitaron que se juegue. Sin ellos, la disputa no hubiera sido posible.captura-de-pantalla-2016-10-18-a-las-12-42-43-p-m

¿Qué es lo que se hace con el referato en un torneo como el de Perú? Esta fue la pregunta que motivó esta columna.

Nada muy diferente a lo que hacen jugadores y sus entrenadores.

Nos juntamos, nos presentamos y ponemos cómodos sabiendo que estamos en el seno de la hermandad del silbato. Nos ponemos de acuerdo en cómo vamos a “jugar” los partidos, como nos vamos a comunicar en cancha, cómo nos vamos a apoyar mutuamente, en especial al colega que está a cargo del partido como referee principal. Insistimos en la labor de los asistentes, en los touch, pero también la de los cuartos árbitros como enlaces de la mesa de control con los seleccionados. El equipo deja de ser de tres para convertirse en cinco, en seis y a veces más.

La labor se completa y complementa con la tarea de elegir quien toma la responsabilidad de cual partido, un coaching a los actuantes, revisión de videos para aclarar conceptos y mejorar el rendimiento posterior, acercamiento a los seleccionados para despejar dudas y hasta posibles reclamos. También entrenamientos, que sirvieron para cotejar la uniformidad de manejo arbitral y para capacitar a los Oficiales de Partido de la Federación Peruana de Rugby.

Como lo mandan los cánones de la ovalada, los terceros tiempos también fueron respetados. Y fueron extremadamente divertidos.captura-de-pantalla-2016-10-18-a-las-12-42-24-p-m

RUGBY, UN JUEGO DE EQUIPO

La gran diferencia de este equipo de seleccionados internacionales, los referees, y la de los que representan a sus países en este tipo de torneos está dada en que no existe proceso de preparación. Con suerte tenemos un conocimiento previo y una noción acerca del nivel de referato de cada uno.

En el caso de los peruanos ya conocía a sus jueces más experimentados, toda una garantía para el trabajo a realizar. Si bien no había visto en cancha a los referís principales, sabía que por estar allí tendrían el nivel requerido.

Por ello, lo principal fue formar el equipo, integrar las fuerzas, lograr que se conozcan y complementen. Designar tiene mucho de lógica, pero también de apuesta partido a partido.

Un papel principal lo jugó la buena onda, la frescura, la juventud y el desenfado. Tras la primera jornada y en un muy buen tercer tiempo los extranjeros y los locales ya se trataban como antiguos amigos. Cosas del rugby.

En estos grupos de trabajo resaltan los valores de nuestro juego. No sólo en cuanto a solidaridad o espíritu de cuerpo. Fundamental es la disciplina y el respeto. El coach, en este caso el Referee Manager, pasa a ser la cabeza sin discusiones. El trato entre colegas es de igual a igual, a pesar de diferencias de desarrollo que puedan existir entre ellos. La integridad y la humildad juegan papeles decisivos, en especial cuando se trata de las designaciones. Cada uno asume y acepta la posición en la que se le pide que trabaje. Los egos deben ser puestos a un lado.

Y ni que hablar de la pasión por el juego, evidenciada en cada decisión, en cada contacto en la cancha y fuera de ella.

AL FINAL, EL OBJETIVO LOGRADO

Para un seleccionado participante el objetivo es lograr su mejor performance y, fruto de ello, lograr el campeonato. Para el Referee Manager es lograr que se hable del juego, no del referato. Es conseguir un equipo influyente, no en los resultados pero si en que el juego sea disputado y dinámico. Que los únicos protagonistas, los jugadores, salgan contentos del rectángulo verde.

Colombia fue el campeón
Colombia fue el campeón

Aquí hago un alto para destacar un logro de los referees en esta ocasión. Un seleccionado pidió una asistencia. Esta se hizo con el video de su partido y en cancha, en un entrenamiento posterior. Ese seleccionado creció en su desempeño notablemente entre su primer y su segundo partido. La intervención del equipo de referees fue determinante.

Así también se hizo una charla, amistosa y aleccionante para otro seleccionado que llegó a la final y se escucharon puntos de vista de otros equipos nacionales acerca de posibles puntos a mejorar o a controlar en el juego de sus adversarios. Todo en el mejor de los ambientes.

Al final, cada selección retornó a su país.

También los segundos seleccionados participantes. Y todo quedó en ver cuando nos volvemos a encontrar para tomar un silbato, una banderita o acercar a la mesa una ficha de cambios.