Escribe Frankie Deges

“This is not soccer.”

Esta frase la ha hecho celebre el célebre referí Nigel Owens. Hay situaciones, pocas por suerte, en partidos de rugby, que no pertenecen a nuestro deporte. El galés es un especialista para manejar los tiempos y sabe bien como comunicarse con los jugadores. Esa frase, lapidaria, la usa cuando algún jugador simula o protesta airadamente.

Desde que uno empieza en el rugby recibe, como bombardeo constante, enseñanzas múltiples; unas de las que mas se trabajan y debe seguir siendo así por siempre, es el respeto a ultranza a los compañeros, los rivales y sobre todo el referí.

Hay formas de comunicarse aceptables y lo ideal, lo dicen los referís, es establecer una buena relación con los capitanes que son los interlocutores válidos.

El rugby de elite tiene enorme presión pero aún así, las formas y los valores se siguen respetando.

En el alto nivel, los referís tienen micrófonos (a veces portan hasta cámaras en sus pechos para que el espectador esté aún mas cerca de la acción) para comunicarse con sus asistentes pero también permite que quienes estamos fuera del campo, a la distancia, podamos entender mejor su accionar y comportamiento. Es tan importante saber lo que dice el referí que en Europa hasta se vende RefLinks en los partidos que permite captar la señal de voz del referí.

El jugador de rugby sabe bien que sus actos y acciones recibirán el mas duro de los escrutinios. Primero del referí y sus asistentes – esto es en todos los niveles. Está también el TMO (Television Match Official) que puede participar y  ayudar en temas de juego sucio como para ayudar a definir situaciones de try. Finalmente existe una estructura de disciplina que incluye un oficial de citación y luego un oficial judicial.

El primero hace las veces de fiscal y si cree que una acción que el referí y sus colaboradores pueden haber visto o no hubiera merecido la tarjeta roja elevará el caso;  el segundo imparte justicia. El jugador tiene una tercera instancia si quiere apelar la sanción recibida..

Justicia y transparencia son la norma. Son la forma.

Por suerte, el rugby no es fútbol.

En Sudamérica, en el mundo, el deporte que domina todo es el fútbol. Y quien está en ese altar de pelota redonda es Lionel Messi. El argentino es indiscutiblemente el mejor de su generación y, discutiblemente, el mejor de la historia.

Deberá ahora purgar una suspensión de cuatro partidos internacionales por insultar abiertamente, ante el mundo, a un juez de línea en un encuentro del seleccionado argentino por la clasificación a Rusia 2018.

La FIFA actuó de oficio, algo a lo que fútbol no está acostumbrado. Fue tragedia en Argentina y seguramente motivo de celebración en el resto de la región donde son hinchas de Los Pumas pero no del equipo de fútbol.

El mundo del fútbol estalló. Muchos criticaron la decisión, hubo quienes sugirieron que había que sancionar el asistente del referí por haber hecho enojar al astro mundial.

Puede que la sanción le cueste a Argentina un lugar en el próximo Mundial y entonces se escribirán libros con teorías conspirativas. La realidad es que un jugador insultó a un oficial en forma pública y abierta. Tiene que hacerse cargo.

Una situación semejante en el rugby (abuso verbal a un referí o asistente) lleva penas de entre seis y 52 semanas. Si en vez de esto son acciones o palabras amenazantes, sube de doce a 260 semanas. El abuso físico comienza en 24 y llega hasta la suspensión de por vida. Messi debería agradecer que juega fútbol y no rugby. En realidad, si jugara nuestro noble deporte no habría estado nunca en posición de hacer lo que hizo. Sabría como comportarse.

Por suerte el rugby no es fútbol, como bien dice Owens. Los anticuerpos están bien firmes en nuestro deporte y es algo que debemos mantener. Es lo que nos distingue. Lo que nos separa del resto.