Mi paso por tierras europeas fue una gran aventura en el rugby de XV, ya que me demostró que todos podemos formar parte de este lindo deporte y más con esta modalidad.

A nivel deportivo creo que se demostró el gran nivel de combate que caracteriza a la mujer sudamericana, ya que si en algo me sentí superior fue en este aspecto. Claro que en lo demás ¡me sentí como una niña en una dulcería!

Intente aprender la mayor cantidad de cosas para poder llevar a mi país y replicar las cosas buenas de este lugar maravilloso.

Creo que lo que más me impresioné es ver una estructura competitiva tan bien organizada, que haya tantos clubes jugando rugby me hizo soñar con que sí es posible lograrlo. Mi mayor sueño es creer posible lograr esto en toda Sudamérica.

El rugby me demuestra que la gente en nuestro deporte no mira colores: mira pasiones.

Fue emocionante ver los brazos de tantas personas dispuestas a ayudarme, tendiéndome una mano. Hubo además otros interesados en las cosas que hemos logrado o deseosos de que les ayudáramos en su clubes.

Todo esto me explica porque amo tanto ese deporte, que no tiene codicias ni envidias, cuyo único fin es ver a niños y grandes sonreír con la ovalada.

Queridos rugbiers: el rugby es más que un deporte, es un estilo de vida. Somos personas de diferentes apellidos con vínculos inseparables, donde el sentido de familia va más allá del apellido, y esto lo reconfirmo en mi visita a la tierra de nuestros colonizadores.

Foto Facebook Alejandra Betancur.