Escribe Virgilio Neto

Pasó poco más de un año desde de la realización de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Mucho se cuestionó y dudó sobre el crecimiento del rugby brasileño y se creyó que se trataba sólo en función de la realización de los Juegos 2016. En los años previos, sostuve que en el crecimiento sostenido del rugby en mi país, Río 2016 era solo una pequeña parte dentro de un proyecto más grande aún.

Las inversiones cayeron, es cierto, pero los resultados han sido inversamente proporcionales. No se trata de marcadores de juegos – no voy a mencionar los resultados dentro de la cancha que Brasil ha tenido -, sino del aumento del número de niños que practican rugby, de los festivales infantiles organizados, de la penetración y el alcance del rugby escolar entre niñas y niños.

La movilización que el rugby femenino ha tenido Brasil adentro ha sido notoria, con equipos que proporcionan buena estructura de entrenamiento y conducen categorías de base, el trabajo de los clubes y federaciones que se reorganizan y buscan el crecimiento con solidez, de acuerdo con la realidad de cada unidad de la unidad federación.

En las selecciones, las “academias” de rendimiento se han mostrado bastante importantes para el proyecto de la Confederación Brasileña de Rugby.

Las Yaras (el seleccionado femenino) jugarán este viernes y sábado en el Valentin Martinez (en Uruguay) por la vacante en la Rugby World Cup Sevens 2018 además de buscar regresar al World Rugby Women’s Sevens series 2018-19. Hoy, las atletas son convocadas sobre la base de un torneo cada vez más fuerte.

Los Curumins (seleccionado juvenil) trabajan de manera incansable ya nivel nunca antes visto en el país, con los trabajos comandados por referencias en el rugby brasileño, como Fernando Portugal e Ismael Arenhart.

Por su parte, el seleccionado mayor, Los Tupis, se embarcan para una gira de casi mes por Europa, con partidos frente a Alemania, Bélgica y España. El objetivo es acumular experiencia, necesaria para una temporada 2018 que se acerca y nos desafía.

Todavía queda mucho por hacer. Es necesario cada vez más cuidar la base, el rugby escolar y de participación. De cautivar y cultivar cada vez más los trabajos de los clubes y federaciones.

Es necesario contemplar una cultura de rugby en Brasil: del respeto al adversario, al referí y de hacerse presente en el tercer tiempo. De hacer valer esa cultura, con base en sus principios: solidaridad, pasión, integridad, disciplina y respeto.

Que eso sea ejemplo en nuestras acciones diarias, no quedarse sólo de la boca hacia fuera. Es hablar poco y hacer mucho. Todos: aficionados, dirigentes y atletas, insertados en una comunidad local, regional y nacional del rugby.

El rugby de Brasil no cayó después de 2016. Por el contrario. El escenario es muy diferente que el de hace algunos años, para mejor.

Pero aún no es el mejor escenario. Queremos más. Y para eso va a necesitar mucho más.